Las piedras como símbolo, siempre me han fascinado.

En el transcurso de mis viajes por el mundo, las piedras como símbolo, siempre han estado presentes.

Me las han regalado como acto ritual, las he llevado conmigo como símbolo de poder, las he recogido como presente para mis amigos, me he deleitado en observarlas, tocarlas, sentirlas y fotografiarlas.

Siento que al colocarlas  u observarlas en una determinada posición, crean una poderosa presencia y dan nuevos significados, invitando a nuestra imaginación a viajar.

Así es como mi imaginación juega con estas piedras fotografiadas hace muchos años en Lanzarote y despliega todo un mundo de simbolismos:

  • El negro y el blanco, el yin y el yang, los opuestos y complementarios… la dualidad.
  • El movimiento sugerente desde la quietud, desde ese “río de piedras”… la presencia.
  • La textura que despierta sensaciones y conecta con el aquí y el ahora… el cuerpo.

A lo largo de la historia de la humanidad, las piedras han tenido un papel fundamental en la vida de mujeres y hombres.

Las piedras han sido herramientas de supervivencia, instrumentos de uso en el hogar y signo de poder y fuerza. Han representado lugares de culto, espacios para ceremonias de la vida y la muerte y siguen siendo en algunos lugares, símbolo de la creación, de la tierra, de los dioses, de mitos…

Nuestra relación con la piedra es tan antigua e íntima que al principio de la historia la hemos llamado Edad de Piedra.

Tomar las piedras como símbolo, siempre ha sido un acto de dar significado a nuestro mundo.

Así que tomo estas piedras como símbolo para dar sentido y significado a mi principio en este espacio desde el que compartir.

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